miércoles, 22 de mayo de 2013

Reflexión sobre el Noreste (I)

Saskia Juárez. LLuvia lejana. 2008
 
Puedo entender que temas como la identidad cultural del noreste (o cualquier otro semejante) haya ido desvaneciéndose conforme la realidad de la sociedad global u occidentalizada se ha impuesto como la única posible, o la principal de ellas, a la que es deseable -y hasta necesario- incorporarse so pena de abrir aún más la brecha que separa a los países occidentalizados de los que no lo son (antes del primer y tercer mundo, centrales y periféricos, desarrollados y en vías de desarrollo, dominantes y emergentes, etc., etc.) Lo que me resulta más complicado explicar es cómo el tema dejó de interesar a los productores, cuando aún en el último cuarto del siglo XX hubo una serie de exposiciones que buscaban explorar si no el tema directamente (la identidad cultural) sí aspectos que tenían que ver con la relación del productor, su medio nativo, el medio global, y su obra; pienso, por ejemplo, en Mito y Magia del MARCO, Le Magiciens de la terre del Pompidou, o Primitivism in 20th. Century Art del MOMA. Esta clase de relación fue la que alimentaba o alimenta obras como la de Saskia Juárez (al margen del gusto o aprecio que nos pueda despertar), la arquitectura de Tadao Ando, la fotografía de Robert Frank o Lee Friedlander. ¿Habrá dejado de importarnos entender qué le debemos a nuestro(s) medio(s), en qué tanto son y/o han sido coparticipes, responsables, de nuestro quehacer? ¿Será hoy día más imprtante la homogeneidad, la unidad, la identidad global, que el sabernos individuales y producto de historias particulares?

martes, 21 de mayo de 2013

Del Noreste


Me parece que nada mejor merecido que el homenaje que se le pueda brindar a un productor y más en vida, que es cuando realmente puede sentir el respeto, el reconocimiento y el cobijo que una comunidad, su comunidad, le brinda a través de este acto. Así es que el pasado 15 de mayo fue inaugurada la muestra intitulada Paisaje en la piel, con la que la Pinacoteca de Nuevo León reconoce y celebra la longeva trayectoria de la maestra Saskia Juárez.

         Una exposición que me atrevo a decir que no debe dejar de verse, tanto por lo que dice Jorge García Murillo, curador de la muestra, de que se trata de un “Clásico” entre nuestros productores, como por otras lecciones que se pueden aprender del conjunto que aquí se presenta. Pero antes de lanzarse a la Pinacoteca o de rechazar la invitación, vale la pena reparar en las siguientes consideraciones. La primera de ellas tiene que ver con otra de las muchas acepciones que puede tener el término “clásico” entendido no sólo por lo modélico, sino también como algo que no se aparta o difiere de las reglas establecidas y aceptadas, en este caso las que provienen del “canon” con que operó la pintura que llamamos, precisamente, clásica.

         Una más se refiere al doble papel de Juárez como productora y maestra. Teniendo una trayectoria  de 32 años como docente de la Facultad de Artes Visuales de la UANL, sería de esperar que hubiera, en especial entre productores  contemporáneos, muchos más paisajistas de los que hay; el que no resulte de esta manera, certifica lo buena maestra que fue, pues enseñó a pintar, no a ser paisajistas, tentación en la que caen muchos maestros y alumnos también.

         Una última consideración entre otras, sería el citar el ambiente o parte del ambiente en que creció, ya de regreso a Nuevo León, la pintura de Saskia Juárez. Me refiero a que el apego de su obra al paisaje del noreste, a las montañas, poblados y rancherías que aparecen aquí y allá por la geografía del estado, va íntimamente ligado al despertar de una identidad que nos llevó a hablar de una cultura particular del noreste, una cultura definida desde  lo agreste del paisaje hasta la austeridad de la vida cotidiana, la inclinación por el trabajo y el respeto al esfuerzo, una cultura manifiesta en cierto tipo de arquitectura, y determinadas pinturas o formas de pintar, la de Juárez junto con la de Rodolfo Ríos (con quien guardó una estrecha amistad) a la cabeza. No sería exagerado decir que por las pinturas de Saskia Juárez y sus compañeros de andanzas, aprendimos a valorar y apreciar no sólo el paisaje que nos  rodea sino todo lo que se desprende a partir de ahí.

         Sin estas consideraciones es  inútil visitar la muestra pues puede resultar repetitiva y falta de emoción, sin ánimo de innovar (este último punto lo explica perfectamente García Murillo). No hace mucho pregunté a una nobel productora que también pinta paisajes, a qué se debían las formas que daba a sus montañas, nubes, vegetación, etc., la respuesta fue que así lo hace por pintarlos diferentes, a “su estilo”. La obra de Juárez no es producto de un capricho o del deseo por crear un estilo, es el resultado de emplear la pintura para comunicar una determinada interpretación de aquello que se le presenta a la vista, de aquello que ha de ser trabajado, re-presentado por la pintura. La diferencia entre una y otra respuesta, lo que las distancia, es un claro ejemplo de lo que fue la producción pictórica en su vertiente naturalista y lo que hoy día se espera de ella.

         Hay que visitar la exposición de Saskia Juárez pero con el afán de entenderla y apreciarla de acuerdo a sus circunstancia, en su contexto formal e histórico; esperar de ella valores inéditos, sorpresas formales o innovaciones técnicas, equivale a tampoco entender que esta —reconocer institucionalmente la trayectoria de los productores— es también una de las funciones que debe cumplir la Pinacoteca de Nuevo León, es decir, atender al amplio y variado horizonte en el que se manifiestan hoy día las artes visuales del estado.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario
 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Golpe de timón

A partir de ahora y por un tiempo indeterminado la aparición de comentarios relativos a los temas que animan esta página se hará semanalmente. Eventualmente se podrán subir, entre semana, noticias o temas que pensemos puedan ser de interés para aquellos que siguen lo que aquí se publica. Muchas gracias.

martes, 14 de mayo de 2013

Snapshot

George Eastman (1854-1932)
 
 Hace un par de semanas me prestaron una novela que obtuvo en el 2012 Mención Honorífica en el Premio Letras Nuevas que organiza la mega editorial Grupo Planeta. Se trata de Snapshot de Gerardo Gutiérrez Cham, editada en México por Joaquín Mortiz. Por el título se podrán dar una idea de por qué me sugirieron leerla, se trata, en efecto, de una novela que tiene como personaje central a la fotografía o mejor dicho, una parte de la historia de la fotografía, cuando ésta apenas empezaba a alcanzar la popularidad de la que goza hoy día.

         Un par de detalles sobre el argumento que desarrolla Gutiérrez Cham. La historia gira en torno a dos personajes, uno de los cuales es George Eastman en el momento en que empieza a lograr su éxito comercial a través de la película de nitrato y sobre todo gracias a la introducción en el mercado de los primeros modelos de la cámara Kodak. El otro es un pintor de poca monta obsesionado por lograr el retrato perfecto de su amante, y que, por azares del destino, siente a la fotografía, no como su competidora, sino como aquel invento que vendrá a destruir al verdadero arte, a la pintura.

         Hasta aquí lo relativo a la novela, sobre sus méritos ya se habrán pronunciado los críticos de literatura que es a quienes corresponde juzgarla.

         Lo que me llamó la atención del texto son los argumentos empleados para referirse, en boca del pintor y otros personajes de la época, a la fotografía y sus posibles efectos sobre la pintura, ello a pesar de que en la novela hay dos tiempos superpuestos, aquel en que se dio a conocer que ya era posible fijar de manera permanente imágenes obtenidas a través de la cámara obscura, 1839, y la presencia de Eastman en el mundo fotográfico cuyos inicios podemos señalar, cuando muy temprano, en 1889, con la fundación de la Eastman Dry Plate Company, es decir 50 años después. En ese lapso, a nivel de la historia de la fotografía, sucedieron muchísimas cosas, lo que me hace suponer que para entonces los primeros comentarios y lamentos que despertaron el Daguerrotipo y los Calotipos de Talbot, si bien aún no desaparecían por completo (de hecho no han desaparecido del todo), sí se habrían atenuado o, por lo menos, ya habrían perdido entre el público en general, el impacto que pudieran haber tenido en su momento.

         Independientemente de este traslape de tiempos que al fin y al cabo para eso existe la licencia poética, lo interesante de estos argumentos es, por ejemplo, que al hablar de la fotografía lo hacen negándole su capacidad artística, por una parte, por otra, denunciando su perfecta analogía con la realidad, y, finalmente, condenando su versatilidad y tiempo de ejecución y obtención de resultados. Quiero pensar que, en un momento dado, todos ellos no sólo sonaron lógicos y justos, sino suficientes como para solicitar una intervención (de quién sabe quién) que pusiera orden a esta nueva profusión de imágenes sin ton ni son desde el momento en que cualquiera las podía obtener.

         ¿No suena esto demasiado contemporáneo?, ¿No nos vemos ahí retratados cuando hablamos de las nuevas imágenes digitales? Como hace 175 años la reacción puede ser, efectivamente lógica, pues como entonces carecemos de un marco de referencia ya establecido y consensuado contra el cual podamos entender y calificar la nueva producción; además no hay nada más amenazante que la presencia, no solicitada, de un nuevo producto que rápidamente gana popularidad sin poder explicar a qué se debe. En este sentido creo que deberemos hacer un esfuerzo más serio, prolongado y profundo al momento de tener que enfrentarnos con estas nuevas imágenes si es que no queremos caer y repetir los mismos errores o falta de visión que tuvieron quienes condenaron a la fotografía en sus inicios.

         Novela, ensayo, biografía, no importa lo que uno lea; si es bueno o malo ya lo juzgará cada quien, lo importante es no dejar de hacerlo, pues en ella, en la lectura, están contenidas las preguntas y las respuestas a todas nuestras inquietudes.
 
Publicado originalmente por Milenio Diario

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Mayo conmemorativo 6

La forma tradicional del festejo de la Santa Cruz por medio de los trabajadores de la construcción. El 3 de mayo, la mayoría de las construcciones en proceso en todo México se ven adornadas por y coronadas con cruces engalanadas con flores, papel maché, letreros y artículos de la propia construcción. Una buena imagen para finalizar esta primera decena de días de mayo.
 
(Imagen: Fotografía AP www.elmanana.com.mx)

domingo, 12 de mayo de 2013

Mayo conmemorativo 5

La misma dignidad que reconocemos en el Cargador de Ladrillos (1928) de August Sander, es la que podemos identificar en la de nuestros trabajadores de la construcción que festejan su día el 3 de mayo, día de la Santa Cruz.
 
(Imagen: www.tate.org.uk)

sábado, 11 de mayo de 2013

Mayo conmemorativo 4


Al igual que a Eugene Smith en Pitssburgh, los obreros de las fundidoras han llamado la atención de nuestros fotógrafos, basta citar a Guillermo Kahlo (de quien vemos aquí una imagen) y Eugenio Espino Barros, y sus trabajos en la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, para darnos cuenta de las innumerables facetas que un motivo como este ofrece a los fotógrafos que se acercan a él. El tema también es pertinente para recordar el día del trabajo y sus protagonistas, pues entre los oficios más pesado y de alto riesgo se encontraba, sin duda, el de las acererías, tal y como debe encontrarse aún en muchos de los países periféricos.
(Imagen: Fototeca de Nueva León)